Cada 22 de mayo, el mundo se detiene por un momento para mirar hacia la naturaleza que nos rodea. Es el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una fecha que va mucho más allá de los números y las estadísticas: es una invitación a reconectar con la vida que pulsa en cada rincón de nuestro planeta.

La realidad que no podemos ignorar
Los datos hablan por sí solos, y no son alentadores. El último Informe Planeta Vivo de WWF revela un descenso alarmante del 73% en el tamaño promedio de las poblaciones de más de 5.000 especies de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios entre 1970 y 2020. Pero detrás de cada porcentaje hay una historia: la del último rinoceronte blanco del norte, la de los bosques que desaparecen silenciosamente, la de los océanos que se acidifican mientras los corales blanquean.
La ONU advierte que cerca de un millón de especies se encuentran actualmente en peligro de extinción, y lo más preocupante es que la tasa de extinción actual es entre 100 y 1.000 veces mayor que la tasa natural debido a la actividad humana. Es como si hubiéramos acelerado el reloj de la naturaleza hasta un ritmo vertiginoso que ella no puede seguir.
El efecto dominó de la pérdida
La biodiversidad no funciona como compartimentos estancos. Los expertos hablan de «coextinciones»: la reacción en cadena que se produce cuando la desaparición completa de una especie afecta a otra. Es el efecto dominó de la naturaleza, donde cada pieza que cae arrastra a otras consigo.
Imaginemos por un momento los bosques de kelp, esas catedrales submarinas que albergan más de 1.000 especies entre tiburones, tortugas, focas y ballenas. Si las nutrias marinas que los protegen desaparecieran, todo ese ecosistema se desmoronaría. Es lo que los científicos llaman puntos de inflexión: momentos en los que los sistemas dejan de funcionar como esperábamos, principalmente como consecuencia de la acción humana.
Más allá de la conservación: nuestro bienestar en juego
Bosques: Absorben +2.600 millones de toneladas de CO2 anuales
Humedales: Han perdido el 35% de su cobertura desde 1970
Personas afectadas: +2.000 millones sin acceso seguro al agua
Servicios ecosistémicos: Agua dulce, alimentos, regulación climática
La biodiversidad no es solo una cuestión estética o moral. Nuestra salud depende de los recursos, productos y beneficios de los ecosistemas: el agua dulce, los alimentos, las fuentes de combustible, la regulación de plagas y enfermedades.
Cuando los ecosistemas se deterioran, nosotros también lo hacemos. La degradación de los humedales ha aumentado las enfermedades transmitidas por el agua y ha reducido la disponibilidad de un recurso necesario para más de 2.000 millones de personas.
Las pequeñas acciones que transforman
Frente a esta realidad, es fácil sentirse abrumado. Pero la buena noticia es que cada decisión cuenta, cada gesto suma. Cuando una organización elige bolsas de algodón orgánico para su merchandising en lugar de plástico, está tomando partido por los ecosistemas. Cuando optamos por productos que respetan los ciclos naturales y los materiales sostenibles, estamos votando con nuestra cartera por el mundo que queremos.
No se trata de perfección, sino de conciencia. De entender que nuestras decisiones de consumo son como ondas en un estanque: se expanden mucho más allá de lo que podemos ver inicialmente.
El poder de la organización responsable
Las organizaciones tienen un papel fundamental en esta transformación. Cada campaña publicitaria, cada regalo corporativo, cada decisión de compra puede ser una declaración de principios. Elegir merchandising ecológico no es solo una estrategia de marketing; es una forma de liderar con el ejemplo, de mostrar que es posible desarrollar actividades cuidando el planeta.
En be green creemos que las organizaciones conscientes pueden ser catalizadoras del cambio. Por eso apostamos por materiales como el algodón orgánico, productos reciclados y procesos de producción éticos. Porque sabemos que cada camiseta, cada bolso, cada producto personalizado puede contar una historia diferente: la de una organización que entiende su responsabilidad con las generaciones futuras.
El plan que nos guía
En diciembre de 2022, el mundo adoptó el Marco Mundial Kunming-Montreal, conocido como el Plan de Biodiversidad, con 23 metas para 2030 y 4 objetivos a largo plazo para 2050.
Restauración: 30% de los ecosistemas degradados
Desperdicio: Reducir a la mitad el desperdicio de alimentos
Inversión: 200.000 millones $ anuales en biodiversidad
Plazo: Metas para 2030, objetivos para 2050
Son cifras enormes, pero que se construyen con millones de decisiones individuales y corporativas. Cada vez que una organización dice «no» al uso irresponsable de recursos, cada vez que un consumidor elige productos sostenibles, estamos contribuyendo a esas metas globales.
La esperanza está en nuestras manos
Los científicos son claros: «Aún estamos a tiempo de salvar nuestro planeta vivo, pero serán necesarios cambios profundos». La esperanza no está en las grandes proclamas, sino en los cambios que cada uno de nosotros puede implementar desde mañana mismo.
El Día Internacional de la Diversidad Biológica no es solo una fecha en el calendario. Es una invitación a mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿qué mundo estamos construyendo con nuestras decisiones diarias? ¿Cómo pueden nuestras organizaciones ser parte de la solución?
La biodiversidad es nuestro seguro de vida en un mundo cambiante. Cuidarla no es un lujo que nos podemos permitir, sino una necesidad urgente que no podemos postergar. Porque al final, proteger la naturaleza es protegernos a nosotros mismos.
El momento de actuar es ahora. La naturaleza ha esperado suficiente.
Para descubrir cómo tu organización puede formar parte del cambio hacia un futuro más sostenible, visita begreen.es o contacta con nosotros.
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