A partir de este mes de junio, en la Unión Europea estará prohibido vender biberones elaborados con Bisfenol A, un producto químico utilizado en la fabricación de plásticos que se comporta como una hormona alteradora del sistema endocrino y el aparato reproductivo, incluso a niveles muy bajos de exposición. Cada vez más estudios científicos vinculan la contaminación por Bisfenol A con enfermedades de incidencia creciente, como la diabetes, el cáncer de mama y otros graves trastornos crónicos.
El Bisfenol A, un químico del que España es el principal productor europeo “gracias” a la macrofábrica de General Electric en Cartagena, se utiliza en envases para alimentos y bebidas, como biberones, botellas para deportistas, botes, fiambreras o vajillas. Parece probado que, al ser calentado, el plástico libera partículas que pasan al alimento o bebida. La gran discusión está ahora en los efectos de esa contaminación probada de lo que se ingiere.
Hasta ahora, más de 30 equipos científicos de todo el mundo han concluido que la exposición a distintos niveles de bisfenol provoca, con toda probabilidad en animales y, posiblemente, también en personas, alteraciones en el sistema endocrino por imitación de la hormona estrogénica (lo que se denomina “estrogenicidad”), subfertilidad, toxicidad y hasta distintos tipos de cáncer. Por ejemplo, un estudio realizado por científicos de la Universidad de Cincinnati (EEUU) y publicado a finales de 2009 en la prestigiosa revista “Environmental Health Perspectives” relaciona el BPA con ataques al corazón y diabetes de tipo 2 en humanos. El trabajo concluye, además, que mayores niveles de BPA están asociados con mayor riesgo de ataques al corazón y la diabetes sobrevenida, ésta última, una pandemia mundial que afecta ya a casi 200 millones de personas.
Durante el último año, gran número de científicos y organizaciones defensoras de la mujer, del medio ambiente y de la salud han desarrollado una campaña que pedía a la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA) que tomara medidas para reducir la exposición al Bisfenol A de los ciudadanos europeos, sobre todo, de niños y mujeres embarazadas. Con esta primera prohibición, la UE empieza a dar la razón a quienes vienen reclamando anteponer el principio de precaución a los intereses de la industria química. Ecologistas en Acción, miembro activo de la citada campaña europea, considera “positivo que la UE se haya decidido a prohibir por fin el uso de Bisfenol A al menos en biberones”, aunque pide prohibirlo en cualquier plástico destinado a usos alimentarios.
En realidad, el bisfenol A es uno más de esos compuestos que imitan a los estrógenos femeninos para alterar el sistema endocrino y otras funciones de todo el mundo. Alquilfenoles, atrazina, endosulfaán, cimetidina, hidrocarburos aromáticos policíclicos, DDT o dioxinas son otros de los muchos compuestos sintéticos denominados “disruptores endocrinos”. Los nombres de esos compuestos tal vez nos nos digan nada, pero su presencia puede rastrearse en infinidad de pesticidas y, por tanto, en vegetales y otros alimentos; en conservas, plásticos envasadores, fármacos y empastes dentales también en contacto con nuestro sistema digestivo; y en pegamentos, pinturas, aislantes, gasolinas quemadas o disolventes que pueden respirarse y, por tanto, introducirnos contaminantes estrogénicos a través de las vías respiratorias. El bisfenol A o BPA (por su grafía en inglés, bisphenol A) es un caso señalado en este inquietante nómina, no sólo por su utilización masiva sino porque muchos de sus usos lo introducen directamente en nuestro cuerpo: biberones infantiles de policarbonatos –la mayoría de los rígidos y transparentes-, botellas de líquidos igualmente rígidas y transparentes, recubrimiento interior de latas de conserva material dental, anticonceptivos o cremas espermicidas.


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